Aquí estoy con mi chándal y mi chaqueta, como dijo Martirio: arreglá pero informal.
En enero compré siete ovillos de lana verde y una revista de punto fácil.
Empecé muy ilusionada pero al llegar a la sisa y comprobar que no me cabían los brazos, tocó deshacer y volver a empezar.
Al menos el proceso sirvió para entender mejor el patrón.
En mayo me apunté a un club de punto aquí en Ciudad del Cabo, tienen bastante buen rollo y me gustó ver que la gente conseguía hacer cosas preciosas; aunque yo seguía dale que te pego con el cuerpo de mi chaqueta de punto de arroz... Y, la verdad, empezaba a estar hasta el moño.
Pero seguí tejiendo y acabé el cuerpo para empezar con las mangas.
Eso supuso llevarme las agujas y la lana de vuelta a España para que mi madre me ayudase a entender lo que era eso de "aumentar dos puntos en cada extremo de la vuelta". No niego que tuvimos serias discusiones porque el método de enseñanza de mi madre se basa en "pero mira como lo hago yo". Método de reconocida eficacia tradicional, pero que a mí no me basta, yo necesito que me lo vuelquen en palabras y a poder ser por escrito.
Tocó deshacer las mangas varias veces. ¿Por qué quedaban tan cortas? Ay, no sé, decidí dejarlas mangas tres cuartos y aumentar más la sisa.
Hoy he cosido todas las partes y luce bastante bonita.