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martes, 12 de marzo de 2013

Searching for Sugar Man



El fin de semana fuimos a ver la película Searching for Sugar Man. No teníamos más que una idea vaga sobre el argumento, pero la cosa prometía. ¿Qué puedo decir? No nos decepcionó en absoluto.

La historia que, aunque a veces no lo parezca, es real, nos emocionó. Estamos necesitados de relatos positivos, sin necesidad de finales empalagosamente felices, pero sí que te empujen a salir de la sala con el espíritu elevado y con un punto de esperanza.

No quiero desvelar mucho sobre el argumento. Simplemente: id a verla. Lo que me interesa contar es lo que significó para nosotros ver Cape Town en pantalla grande. ¡Pero si sale la tienda de discos en la que compramos unos cuantos CDs que están bastante bien!

Te das cuenta de la añoranza que despiertan los lugares, como cuando miras una foto vieja de unos cuantos años atrás. Los lugares, el tiempo, las personas y las cosas. Todo eso que vamos almacenando en el recuerdo y que de pronto salta a primer plano. Es una mezcla de alegría y de pinchazo de dolor. Donde estás ya no es el mismo lugar, ni el mismo momento, pero aún así das gracias porque sigue contigo en la fuerza del presente.

He aquí nuestras montañas


vistas desde el otro lado del mar.

Como canta Rodríguez  I wonder I wonder I wonder I do.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

INGRID JONKER


Hoy la poetisa sudáfricana Ingrid Jonker hubiera cumplido 79 años. Pero se suicidó ahogándose en el mar cuando tenía tan solo 31 años.

Corría el año 1965 y la Sudáfrica de entonces era muy diferente de la de ahora. Todavía en pleno apartheid, la política de segregación racial hacía que unos pocos tuvieran todos los privilegios sobre una mayoría que, por no tener, no tenía ni siquiera el derecho de moverse de un barrio a otro sin un pase escrito.

Ingrid tenía una personalidad muy compleja y atormentada. Parece que las malas relaciones con su padre la marcaron toda su vida. Pero su poesía es tan poderosa que ha sobrevivido el paso del tiempo. Incluso cuando habla de casos concretos, consigue despegarse del hecho histórico y mirar más allá.

Nelson Mandela leyó uno de sus poemas más famosos "The child is not dead" (Die kind wat doodgeskiet is deur soldate by Nyanga) en la primera apertura democrática del parlamento en mayo de 1994. Como él dijo: Ingrid Jonker, quién escribió en afrikaans, era a la vez afrikaaner y africana.

Este poema lo compuso después de ver, por casualidad, una manifestación en la township de Nyanga donde un grupo de gente reclamaba el derecho a moverse en libertad, sin usar pases, la policía cargó contra los manifestantes y un niño resultó muerto. Ni fue el primer niño, ni sería el último.

Podéis leer el poema en inglés y en castellano, traducido por Jose (que hace además sus pinitos con el afrikaanks), pero os invito también a escuchar la lectura de Mandela pinchando AQUÍ

The child is not dead
The child lifts his fists against his mother
Who shouts Afrika ! shouts the breath
Of freedom and the veld
In the locations of the cordoned heart

The child lifts his fists against his father
in the march of the generations
who shouts Afrika ! shout the breath
of righteousness and blood
in the streets of his embattled pride

The child is not dead not at Langa nor at Nyanga
not at Orlando nor at Sharpeville
nor at the police station at Philippi
where he lies with a bullet through his brain

The child is the dark shadow of the soldiers
on guard with rifles Saracens and batons
the child is present at all assemblies and law-givings
the child peers through the windows of houses and into the hearts of mothers
this child who just wanted to play in the sun at Nyanga is everywhere
the child grown to a man treks through all Africa
the child grown into a giant journeys through the whole world

Without a pass

El niño asesinado por los soldados en Nyanga

El niño no ha muerto
el niño levanta el puño contra su madre
que grita ¡África! grita el olor
a libertad y a brezo
en los emplazamientos del corazón acordonado

El niño levanta el puño contra su padre
en la marcha de las generaciones
que gritan ¡África! gritan el olor
a justicia y a sangre
en las calles de su orgullo armado

El niño no ha muerto
ni en Langa ni en Nyanga
ni en Orlando ni en Sharpeville
ni en la comisaría de Philippi
donde yace con una bala en la cabeza

El niño es la sombra oscura de los soldados
en guardia con fusiles blindados y porras
el niño está presente en todas las asambleas y legislaturas
el niño escruta desde las ventanas de las casas y dentro del corazón de las madres
el niño que sólo quería jugar al sol en Nyanga está en todas partes
el niño hecho hombre recorre toda África
el niño hecho gigante recorre todo el mundo

Sin un pase

viernes, 14 de septiembre de 2012

Wallett's Circus

Hace más de un año que me topé con este anuncio:


Se publico en abril de 1883 en el periódico Diamond Field y anunciaba la llegada de un circo a la ciudad de Kimberley.

El Sr. W.H. Wallett era su propietario y dejaba bien claro en la parte de abajo del anuncio:
"On and after this day Mr. Wallett does not hold himself responsible for any Debts contracted by any member of the Company without a written order. Signed by himself".

Es decir que el Sr. Wallet no se hará cargo de ninguna deuda contraída por un miembro de su compañía a no ser que previamente fuera con una orden escrita. Firmado por sí mismo.

Me hizo mucha gracia la apostilla porque me hizo pensar que igual era frecuente que alguien de su compañía (o fingiendo serlo) se presentara en una tienda, en un bar o en restaurante y a la hora de pagar dijera "le pasan la nota al jefe, que él se hará cargo".

Igual hubiera quedado ahí la cosa, sino no hubiera seguido leyendo las ediciones sucesivas de Diamonds Field. Al cabo de una semana aparece otra noticia y esta vez en la página de sucesos. Tres tipos: Charlie, Jim y Sam entraron en la casa de William John Wallet con la intención de robar. ¿Y qué robaron? ¡Entradas para el circo! Fueron pillados "in fraganti" por el hijo del Sr. Wallet y llevados ante el juez.


Cuando se lo comenté a Jose me dijo que tal vez era una estrategia de marketing para hacerse publicidad. Algo así como pagamos a los ladrones para hacer ver lo valiosas que son nuestras entradas. Tal vez, pero creo que es demasiado sofisticado para el s.XIX. Más bien creo que el circo levantó enormes expectativas en la ciudad de los diamantes.

Las críticas de la época les ponen muy bien (aunque también dicen que la música era mejorable) y el circo debía de ser bastante impresionante: una carpa con capacidad para albergar a 1000 personas.

El tipo de espectáculo estaba basado en números con caballos, acrobacias y pantomimas, que atraían a todo tipo de personas. El Sr. Wallet actuaba como ring-master y entrenador de caballos.

Actuaban cada día y eso significaba una continua renovación de números para seguir manteniendo la atencion del público.

En pocas semanas levantaron bastante revuelo. Coincidieron con elecciones municipales en la ciudad de Kimberly, el cómite electoral de uno de los postulantes, el Sr. G.G.Wolf, les contrató en alguna ocasión como parte de su estrategia para conquistar votantes.


Y durante las semanas siguientes el circo siguió atrayendo a gente: niños de la ciudad que actúan en algunas de las pantomimas, concursos de monta de caballos, boxeo y premios a los espectadores con más ingenio y mejor vestidos.

Hasta que finalmente llegan a las últimas actuaciones durante la semana del 23 de mayo de 1883. Desmontan. Venden buena parte del material en subasta pública y siguen su recorrido por una Sudáfrica muy diferente a la de hoy y que me recuerda un poco al lejano oeste norteamericano.

Buscamos en la actual Kimberley la encrucijada donde se asentó el circo, entre Dutoistpan Road y Currey Street, nada hace imaginar una enorme carpa circense hoy, pero en aquella esquina moderna sonreímos pensando en las pequeñas historias que forman parte de la Historia.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

//Ku-!kais y Hoerikwaggo

Hace unos meses, Tanya Barben, nuestra amiga y casera, me llamó emocionada para decirme que en los márgenes de uno de los libros que habían pertenecido a Wilhelm Bleek había encontrado una anotación manuscrita de su puño y letra con el nombre khoi de Ciudad del Cabo.

(Tanya, debo deciros, lleva desde hace varios años trabajando en la reconstrucción de la biblioteca de Wilhelm Bleek y Lucy Lloyd, que, por avatares diversos, se encuentra dispersa en distintas áreas de la biblioteca general de la Universidad de Ciudad del Cabo, en la que Tanya lleva la sección de Libros Raros y Colecciones Especiales.)

El libro en cuestión es A Grammar and Vocabulary of the Namaqua-Hottentot Language, del misionero Henry Tindall (Ciudad del Cabo, 1858).

Ahí teneis la anotación marginal de Bleek, en la que el filólogo usa, como Tindall, el sistema bantú de notación de los chasquidos, es decir, letras en lugar de los símbolos !, /, etc.



Convertido a ese sistema (el más extendido hoy día para las lenguas khoisan), el nombre es: //Ku-!kais

Aunque en su momento le chafé un poco la guitarra a Tanya diciéndole que el nombre había sido documentado por otros autores antes de Bleek, una consulta al monumental diccionario de topónimos de Nienaber y Raper (Toponymica Hottentotica, Pretoria, 1977, vol 2, p. 581; he consultado también la versión abreviada en inglés, Hottentot (Khoekhoen) place names, Durban y Pretoria, 1983, pp. 41-42) revela que, después de todo, Bleek pudo ser el primero en registrar el nombre sin omitir los chasquidos, aunque en 1831 el misionero Hinrich Schmelen (1778-1848) lo recogió como Hoekaysna y en 1845 otro misionero, el danés Hans Christian Knudsen (1816-1863), lo dio como 'Hu-"ga'is.

En 1881, el controvertido Theophilus Hahn (1842-1905, efímero y cuestionado sucesor de Bleek y Lloyd en el cargo de conservador de la Colección Grey), registró el nombre como //Hu-!Gais, y dio la siguiente explicación de su sentido:

"Este es el nombre con el que se conoce a Ciudad del Cabo allí donde se habla la lengua khoikhoi. Este nombre consiste en dos palabras, //hu, la raíz de un verbo que significa 'condensar', de donde se llega a //hus, una palabra antigua para nube que todavía se usa ... !gai significa ligar, rodear, atar, envolver. Por tanto, //Hu-!geis significa "cubierta de nubes". (Hahn, Tsuni-//Goam: The Supreme Being of the Khoi-khoi, Londres, 1881, págs. 34-35, tal y como citan el pasaje Nienaber y Raper).

Un nombre muy apropiado, puesto que muy a menudo, la montañana al pie de la que se levanta la ciudad está literalmente envuelta en nubes.





Sin embargo, otro misionero, J. G. Kroenlein (quien en 1889 publicó un diccionario khoi-alemán) interpretaba el nombre como una referencia a un tipo de serpiente, la muy venenosa cobra de El Cabo (Naja nivea). El nombre khoi de Ciudad del Cabo vendría a significar, según esta interpretación, "lugar el pie de una montaña que se cierne sobre la ciudad como una cobra a punto de atacar".

Según Nienaber y Raper, estas interpretaciones son "poéticas, imaginativas, románticas, pero incorrectas".

Para ellos, ell nombre khoi de Ciudad del Cabo deriva de su presencia en ella del castillo que los holandeses levantaron al poco de su llegada. Según estos estudiosos, el término //ku sería análogo a /(k)ui-b, "piedra", y !kais sería otra forma del término nama !khae-eb, "lugar", en este caso en el sentido del sitio donde uno se instala con su ganado. Por tanto, "lugar habitado de piedra", esto es, "población fortificada".

Lego como soy en la materia dejaré las cosas ahí, si bien, a riesgo de incurrir en el enojo de Nienaber y Raper me atreveré a decir que, por mucho que filológicamente no se sostenga demasiado, la opción "envuelta en nubes" me encanta.

Como habreis podido deducir de lo dicho más arriba, //Ku-!kais es el nombre de la población al pie de la montaña, no de la montaña misma.

El nombre de la montaña (o una forma del mismo) fue recogido en 1779 por Robert Jacob Gordon (1743-1795), uno de los últimos gobernadores holandeses de la colonia de El Cabo. Según traducen Nienaber y Raper en la versión abreviada de su diccionario toponímico (página 41):

"Los viejos hotentotes llaman al Cabo hoeri 'kwaggo o la montaña del mar, con el acento en las sílabas finales de ambas palabras."

Según explican los dos sabios estudiosos:

"Gordon tradujo el nombre literalmente: hurí, que todavía es la palabra nama para mar, y 'kwaggo, que se da como 'montaña'. [...] Suena casi como si Gordon quisiera decir que sólo los hotentotes muy viejos conocían el nombre y que le costó dar con él. [...] En cualquier caso, el viejo nombre indígena del Monte Mesa era "Montaña alta junto al mar".

Y, por el momento,eso es todo. Termino con una imagen de la montaña tomada desde Blouberg, que, como sabeis por otra entrada, significa "la montaña azul".

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Leyendo el periódico de 1883

Estos días hemos estado en la Africana Library de Kimberley porque Jose tenía que hacer investigaciones de archivo y aquí hay buen material.

Un poco para ayudarle, pero también por curiosidad personal, me he dejado atrapar por la lectura de uno de los periódicos más leídos de su época: el Diamond fields advertiser.



Entre enero y junio de 1883 ¿qué es lo que pasaba en Kimberley? ¿Cómo era la ciudad?

El aspecto debía de ser algo así como podéis ver en la foto.



Se trata de una reconstrucción de la ciudad en torno a la atracción turística que es el Big Hole.

En el Diamond fields advertiser podemos leer los nombres de los huéspedes que se alojaban en los hoteles más importantes, los viajeros que llegaban en los carruajes o los que acababan de abandonar la ciudad. Los resultados del cricket. Recompensas a quién entregara caballos robados o vendidos. Demandas y ofertas de trabajo: cochero, vendedor, oficinista, señora para hacerse cargo de la casa y el cuidado de niños… eran los más populares. Pero también había ofertas interesantes, como la que buscaba cubrir la vacante de encargado y secretario de la biblioteca pública; por cierto, el sueldo no estaba mal: 300 libras al año.

Un artículo con el titular: The murder of a little girl captó rápidamente mi atención. Una niña de tres años apareció “nadando en un baño de sangre” sobre el colchón de su cama. El asesino le había abierto el cuello de oreja a oreja y había dejado el cuchillo ensangrentado envuelto en la colcha. ¿Quién pudo hacer algo así? Parece que el culpable, según el artículo, podía ser un “nativo” que entró por la ventana. La niña, aunque no se dice, debía de ser blanca. No se apunta el posible motivo del asesinato, pero se dice que el padre de la víctima solía beber demasiado, aunque esa noche estaba sobrio. La policía abrió una investigación del caso.

Tan solo una semana después, la hermanastra de la víctima apunta que el padre además de beber, solía pegar a todos sus hijos, especialmente a la niña pequeña.

Quince días después, una vecina confiesa que al atardecer oyó unos gritos desgarradores procedentes de la casa. Pegó la oreja a la pared hasta que, tras un pequeño intervalo, los gritos dejaron de oírse. No había dicho nada antes, pero ahora su corazón ya no podía soportar la pena.

La policía comprobó que a esa hora el padre de la niña estaba borracho y era el único que estaba en la casa. Caso cerrado.

La vida en Kimberley, tierra de frontera, a finales de 1800 debía de ser emocionante, aunque peligrosa. Había bastantes asesinatos, se relatan hallazgos de cuerpos con orejas cortadas o acuchillados. Incluso leí el típico caso de película, en el que dos tipos jugando a las cartas se enzarzaron en una pelea con arma blanca y uno acabó cargándose al otro.

También se producían accidentes ocasionales relacionados con armas de fuego. El más divertido ocurrió en el Teatro Real durante una representación. La actriz principal tenía que coger una pistola y disparar. El arma debía de estar mal cargada porque se produjo una pequeña explosión que le hirió en la mano, pero ella consiguió terminar de recitar su papel y salió de escena donde pudo ser debidamente atendida. Se informaba gentilmente al lector de que la actriz estaría posiblemente recuperada para la función benéfica del domingo. Ya sabéis, el show debe continuar…

Se daban muchos casos de insultos y agresiones en la calle que eran juzgados y sentenciados con el pago de una multa o con el equivalente a un tiempo de trabajos forzados.

Los artículos no estaban firmados, incluso en las cartas al editor a veces se firmaban con seudónimos del tipo “un demócrata”.

El tono de los artículos varía, son truculentos y dan la mar de detalles siniestros en los casos de violencia, pero también a veces se deja ver un tono moralista.

Me encanta este:



Un pobre señor con una fuerte neuralgia se toma por error un frasco que contenía una loción para uso externo y que resulta ser venenosa. Por suerte, el médico consigue salvarle, pero el artículo cierra con el consejo: “This should be a warning to patients to be careful in taking physic, and not to take external remedies internally”. Advertencia que, por otro lado, no dejan de hacernos los médicos y farmacéuticos hoy en día.

También es genial el artículo del ladrón que está robando en un comercio cerrado y es sorprendido por un paseante que empieza a increparle. El tipo se asusta y sale corriendo, pero se cae y se rompe la pierna en la huida. Le llevan al hospital para curarle, y el comentario final del artículo es que, mientras se recupera, igual aprovecha el tiempo para redimirse de la precaria y enloquecida vida que lleva: “He was removed to the Gaol Hospital where, it is to be hoped, he will meditate upon his folly and lead a less precarious life in the future”.



En los periódicos es habitual también leer relatos de accidentes en las minas de diamantes, incendios, carruajes que vuelcan o caballos desbocados, robo y venta ilícita de diamantes. Sorprendentes y curiosas historias, como la de una mujer que salió a recoger unos huevos de un ave doméstica y se encontró con una cobra. Se asustó tanto que se metió en casa y cerró la puerta, pero se olvidó a su bebé fuera. Un vecino providencial pasó por allí en ese momento y consiguió cargarse a la serpiente.

Me ha impresionado el gran número de suicidios que se cuentan, casi siempre usando ácido prúsico. A menudo dejaban una carta detrás explicando los motivos: cuestiones de honor, ruina, chantaje.

¡Incluso los anuncios son interesantes!

Algunos vienen con mucha prosa.



Un párrafo de seis líneas para describir lo qué es absurdo y enlazar con que absurdo es vender a precios ridículos los estupendos muebles que se ofrecen.

Muy frecuente era repetir lo mismo dos veces para llamar la atención del lector, tipo: “Books! Books!” o “Beds. Beds.”

Este se lleva la palma de la duplicación y de la literatura, más que un anuncio es una advertencia:



Al final se lee, en traducción libre: “A partir de ahora no me responsabilizo si alguna persona entra en mi propiedad, a no ser que sea con mi permiso y por la PUERTA PRINCIPAL. Tengo SALVAJES –pero buenos- PERROS para proteger mi propiedad.”

A parte de la literatura y la duplicación, los publicistas jugaban con la tipografía, la disposición y el cuerpo de la letra, usando negritas o cursivas, para crear auténticos poemas visuales.







En fin, espero que os hayáis divertido con la entrada, para mí fue maravilloso sumergirme en el mundo de 1883. De hecho, me ha gustado tanto que voy a ver si escribo algo sobre un circo que estuvo en Kimberley entre abril y mayo de ese año, a través del periódico se pueden seguir sus aventuras.

Seguiremos informando…