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viernes, 6 de diciembre de 2013

EL ÁGUILA HA MUERTO


La noticia era esperada, pero no por eso menos triste. Hoy pensamos en esa tierra que amamos tanto y en esa figura que tanto admiramos: voló. 

Nuestra amiga y escritora Patricia Schonstein Pinnock ha escrito un poema que ha colgado en su blog y que podéis leer pinchando aquí o leerlo a continuación con la traducción al castellano.

Ingqanga ifile: el águila ha muerto

Poema de alabanza a Nelson Rolihlahla Mandela 1918-2013

Traducción de José Manuel de Prada-Samper


Ingqanga ifile The Bateleur is dead
El águila ha muerto
Yazalwa sekusaziwa ukuba iyakuphelela phi na
He was born with his destiny written for him
Nació con su destino escrito
Nangona umzimba wayo wawuthozamile
Though his boyhood was humble
Aunque fue humilde su niñez
Yaba yingangamsha esebenzela ilizwe
He became a great statesman
Llegó a ser un gran estadista
Yayihamba njengekumkani kodwa inentobeko
He walked like a king yet was modest
Caminaba como un rey pero era modesto
Yakha yaligorha elixhobileyo
He was once an armed warrior 
Fue en tiempos un guerrero armado
Kodwa yazibeka phantsi izigalo
But he put down his weapons
Pero depuso las armas
Yaza yangumfuziselo woxolo
And become an icon of peace
Y se convirtió en un icono de la paz
Yayingumthetheleli wabo bacinzelekileyo
He was a spokesman for the oppressed
Fue portavoz de los oprimidos
Nabo babefumene uphum’ aphele
And for the banished
y de los desterrados
Yawaqhawula amakhamandela ocalucalulo
He broke the chains of apartheid
Rompió las cadenas del apartheid
Yasifundisa ngoxolelwano
He taught us reconciliation
Nos enseñó la reconciliación
Yazamkela iintshaba zayo
He embraced his enemies
Abrazó a sus enemigos
Ayizange ibenekratshi kwabo babeyivalele entolongweni
He had no hatred for those who imprisoned him
No sintió odio hacia quienes lo encarcelaron
Silandela ekhondweni layo
In his flight path we follow
Seguimos la estela de su vuelo
Iimpiko zentaka enobuqaqawuli zisikhumbuza ngendoda yamadoda
The wings of a majestic bird remind us of a great man
Las alas de un ave majestuosa nos recuerdan a un gran hombre
Nelson Rolihlahla Mandela!
Ngqanga! Bateleur!
¡Águila!
Siyakubhotisa Madiba! Hail! Madiba!
¡Salve! ¡Madiba!
Siyakuhlonipha! We honour you!
¡Te honramos!

In Xhosa bird lore, ingqanga, the bateleur eagle (terathopius ecaudatus), is held in great awe and thought to be a bird of omen.
 En el acerbo xhosa sobre los pájaros, a ingqanga, el águila volatinera (Terathopius ecaudatus) se le tiene gran respeto y veneración y se la considera un ave portadora de presagios.
It is now so rare and so seldom seen that its very name has a magical quality.
Es ahora tan escasa y se la ve tan raramente que su mismo nombre tiene atributos mágicos.
Should its call be heard, it is considered extremely lucky and it is believed that something good will happen.
Escuchar su reclamo se considera muy afortunado, y se cree que sucederá algo bueno.
The esteem in which the bateleur is held is echoed in the proverb ingqanga ifile ‘the bateleur is dead’, an expression used when a man of renown dies.
La estima en que se tiene al águila volatinera resuena en el proverbio ingqanga ifile, “el águila ha muerto”, expresión que se utiliza cuando fallece un hombre ilustre.



viernes, 28 de septiembre de 2012

REFLEJOS


Tomé esta foto desde el comedor de casa hace una hora. La luna está llena, o casi llena.

¿Verdad que hay conexiones secretas que se desvelan sólo en raros momentos?

jueves, 30 de agosto de 2012

Stoep Zen

Cuando encuentro un párrafo o una frase de un libro que me gusta doblo un poco la página por arriba o coloco uno de esas pegatinas pequeñitas tipo post-it. A Jose le da por apuntar la referencia en lápiz en la última hoja del libro. En fin... para gustos los colores. El caso es que luego sea fácil encontrar el texto cuando quieres releerlo.

Hace ya unos meses que compramos un libro que guardo lleno de pegatinas y que me gusta hojear. Se llama Stoep Zen de Antony Osler.

"Stoep" es una palabra que en afrikaans significa algo así como "porche".

Se trata de un libro de fotografías acompañadas de reflexiones, pequeñas historias, poemas breves... distribuidas a lo largo de cuatro capítulos que representan las cuatro estaciones del año.

El autor tiene una granja en el desierto del Karoo donde vive con su mujer y sus hijas (auque igual las niñas ahora han crecido y ya no viven allí...). En cualquier caso, el libro habla de su experiencia como practicante zen, abogado, granjero, fotógrafo, padre y sudáfricano.

Por cierto, he encontrado a través de su página de internet: Stoep Zen que organizan retiros de meditación en la granja. ¡Ojalá podamos ir algún día!

Siempre he pensado que el paisaje del Karoo te hace contactar con el cielo y la tierra, con el agua, el aire, el fuego, contigo mismo, de una manera tan directa y sencilla que viajar allí ya es vivir la vida en plan zen: estar en el momento, despertar.

Algún día me gustaría mucho escribir mi propio libro de fotos y reflexiones sobre el Karoo, pero mientras sueño y disfruto el que ha hecho Antony Osler.

Las fotos que cuelgo a continuación son mías, de los distintos viajes que he realizado cuando Jose ha hecho trabajo de campo, pero los textos e historias están sacados del libro de Osler.

"Las nubes van y viene, pero detrás de ellas el cielo es siempre azul."


"Dicen que la primavera es el momento de la renovación. El pájaro de la miel canta en la arboleda. Una garza planea sobre la corriente. No se trata solo de que todo es nuevo, es que lo veo con ojos nuevos. Para mí la primavera es eso, no importa en que época del año estemos."


"Mucho antes del amanecer
espero la salida del sol en el stoep oriental
y me quedo dormido.

Cuando me despierto
el mundo está inundado de luz"



"Cada día el viento del oeste,
cada tarde las nubes altas,
cada noche el anhelo de la lluvia."




"Emma y yo fuimos por la tarde a pasear a la arboleda. Ella se quita los zapatos y juega en el agua, recogiendo las hojas que flotan en el riachuelo. Yo me siento en una roca y empiezo a preocuparme por una cosa o por otra.

- Ei, papi - dice ella - Es porque piensas tanto que nunca ves las hadas en el agua.

¿Quién necesita un maestro en ropas de monje cuando tiene una niña pequeña descalza?"


"Anoche vi la primera golondrina.
Después de seis mil millas sobre la tierra y el mar
rodea el jardín y vuela hacia el establo.
Su nido está todavía allí."


martes, 7 de agosto de 2012

MUNDOS

Hace un par de meses que no escribo nada en el blog. Jose y yo estuvimos en España. Jose solo por tres semanas, luego se volvió a Ciudad del Cabo, y yo me quedé hasta finales de julio. Tenía algo de trabajo allí y además quería pasar tiempo con mi familia.

Esto de tener varios hogares desperdigados por el mundo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Entre las cosas buenas está que te sientes igual de feliz tomando horchata que cerveza de jenjibre. Te entra la misma felicidad al ver el Pisuerga, la Sagrada Familia o Table Mountain.

Entre las cosas malas puedo decir que a veces la sensación de desorientación es grande. Aunque no estoy segura que preguntas tipo: ¿Dónde estoy? o ¿Qué estaba yo buscando?... tengan más fácil respuesta sin moverse nunca del sitio.

Esta entrada va de "mundos". Hay una tienda en Barcelona a la que yo llamo "la tienda de los mundos", venden bolas del mundo de todos los tamaños y colores. Si pasas por delante del escaparate por la noche, algunas bolas están iluminadas y parece que te has asomado a una especie de ventana galáctica. Fuera del tiempo. Fuera del espacio.



En las películas de ciencia ficción sale muchas veces lo de la teletransportación: viajar de un lugar en una fracción de segundo porque la distancia no existe.

El domingo alquilamos una película muy sugerente: Another Earth. Es una película americana dirigida por Mike Cahill que ganó el festival de Sundance el año pasado y que se estrenó en el festival de Sitges con bastante éxito. Os la recomendamos.

Another Earth gira en torno a la idea de que se descubre otro planeta exactamente igual a la tierra, con una réplica también de sus habitantes. Si miras al cielo puedes verla allá arriba, tu propio planeta con otro ser exactamente igual que tú, tal vez cometiendo los mismos errores y los mismos aciertos. ¿Hay posibilidad de cambiar algo? ¿Qué le dirías a ese otro ser que eres tú mismo?

Mirar la tierra desde fuera está muy bien. Mirarnos desde fuera a nosotros mismos también. El viaje entre exterior e interior es enorme, pero solo tenemos que cerrar los ojos y ya hemos llegado. Eso sí, el viaje hay que realizarlo, no basta con soñarlo.

sábado, 10 de marzo de 2012

Luna roja desde la cima del León

Ayer por la tarde subimos con nuestros amigos Lara y Enrique a la cima de la Cabeza del León.

No es la primera vez que lo intentamos, pero esta vez lo conseguimos.

Iniciamos el ascenso desde la grupa.



La tarde es perfecta, ni una gota de viento y absoluta visibilidad.

A medida que subimos, la cuesta es más y más empinada.

La sombra de la Cabeza del León, se proyecta sobre la ciudad y las nubes coronan la cima del Pico del Diablo, la montaña que tenemos justo enfrente.



Seguimos ascendiendo. El camino se hace cada vez más estrecho. Han colocado escaleras metálicas, cadenas y agarraderos en algunos tramos de las rocas.

Eso sí, cuando levantamos la cabeza, vemos que las nubes también abrazan las cumbres del Monte Mesa y los Doce Apóstoles.

No sé cómo podrían estar más hermosos.



El ocaso nos sorprende en medio del camino.

Los últimos rayos de sol tiñen de rosa las faldas de las montañas, mientras la noche camina ya de puntillas sobre la orilla de la playa.



El sol desaparece en el agua.



Nos queda muy poquito para llegar arriba del todo. Hay bastante gente que ha tenido la misma idea que nosotros, el camino es tan estrecho que hay cola para subir...



Una vez arriba buscamos un hueco para sentarnos, contemplar el paisaje como si fueramos ángeles y descansar.

Lo encontramos. Nos sentamos sobre una roca para ver la salida de la luna.

"Igual no sale hoy", bromeamos. Sin embargo, después de unos diez o quince minutos la vemos aparecer por encima del jirón de una nube. Es roja. Redonda. Casi llena.



Bajamos iluminados con la luz de las linternas. Las piernas temblando porque no estamos tan en forma. Pero cada vez que levantamos la cabeza, allí está ELLA: dominando el cielo nocturno.



Hoy el viento, el Doctor del Cabo, pasa corriendo como un loco detrás de mi ventana. Ruge como un animal.

Hoy toca cerrar los ojos para oír mejor.

martes, 8 de noviembre de 2011

Llegadas y universos paralelos

El domingo pasado por la mañana fuimos al aeropuerto para recibir a nuestra amiga Belén que llegaba desde Barcelona. Ha venido cinco semanas a Ciudad del Cabo para mejorar su inglés en la misma escuela donde estuve yo hace unos meses.

Nos hace mucha ilusión tenerla con nosotros.

Estuvimos toda la tarde hablando, bebiendo vino y té, y comiendo scones, que hizo nuestra amiga Tanya. Un poco antes del ocaso salimos a pasear por la montaña. Había unas nubes mágicas que ayudaban a diluir los pensamientos y a pensar las extrañas formas (o no formas) en las que se presenta a menudo la Belleza.



Cuando llegó la noche noté el silencio más que de costumbre. No había viento. Cogí el libro que estoy leyendo ahora: Cafe Sheherazade de Arnold Zable y me topé con un pasaje que me deslumbró y que os copiaré a continuación.

El libro cuenta la historia de las personas que frecuentaban hace unas década el Cafe Sheherazade, situado en una ciudad australiana. Son historias de comunistas y judios de la Europa del Este, que tuvieron que exiliarse después de la Segunda Guerra Mundial. Cada personaje nos traslada un mundo desaparecido, aunque no tan lejos en el tiempo. Cada relato nos desvela las vidas de personas que han sufrido numerosos avatares y los han superado. Pero lo mejor es su necesidad de contar su historia, de contarse así mismos, porque sólo a través de la narración encuentran un sentido a su vida.

El personaje de la cita va de un campo de trabajo a otro, atravesando las estepas heladas del Círculo Ártico en 1941. Mientras camina, se cae exhausto, pero alguien le golpea y le obliga a levantarse. Esto es lo que ocurre entonces...

When he glanced up he saw a full moon so large and so near, it seemed he could reach out and touch it. Or eat it. Or step onto it, to wander its desolate craters and hills. It filled the skies. It filled the heavens. It filled his entire being, and, for a moment, it took him away from the smell of sweat, the life-sapping fatigue, the struggling breath.

On that night, under an impassive moon, Laizer discovered parallel universes, hovering side by sid, one of beauty, one of ugliness, one permeated by darkness, the other suffused with light. On that night Laizer regained his chilhood sens of naivety and awe; and he realised that by learning to manoeuvre between these alternate universes he could generate the charge of energy necessary for him to pull through. On that night, Laizer became a survivor.


Cuando él miró hacia arriba, vio una luna llena tan grande, tan próxima, que parecía que podía alcancarla y tocarla. O comerla. O caminar sobre ella, o recorrer sus desolados cráteres y colinas. Llenaba el firmamento. Llenaba los cielos. Llenaba su ser entero, y, por un momento, le llevó lejos del olor a sudor, de la fatiga que arrebata la vida y del esfuerzo por respirar.

Esa noche, bajo una luna impasible, Laizer descubrió universos paralelos que flotaban uno junto a otro: uno de belleza, otro de fealdad, uno impregnado por la oscuridad, otro repleto de luz. Esa noche Laizer recobró su sentido infantil de la ingenuidad y el estupor; y se dió cuenta de que aprendiendo a maniobrar entre estos dos universos paralelos podría generar la carga de energía necesaria para salir adelante. Esa noche, Laizer se convirtió en un superviviente.


Os preguntaréis qué tiene que ver este pasaje con la llegada de Belén. Pues mucho, porque con amigos como ella se puede compartir la vida ordinaria, pero también los mundos paralelos.

Desde luego, no es un secreto que tanto los que hacemos este blog como los que nos leéis recargamos las pilas porque hemos descubierto la existencia de esos "universos", así que pensé ¿por qué no compartir esta cita tan hermosa? Un poco de cotidianidad y belleza para mirar a la luna una vez más.

jueves, 9 de junio de 2011

SE ACERCA EL INVIERNO

Se acerca el invierno. No he podido resistirme a la frasecita emblema de los Stark; va por mis amigos frikis seguidores de Canción de hielo y fuego. Por cierto, aún no he visto las pelis, aunque que se las hay y que me están esperando.

De todas formas, es verdad, se acerca el invierno en este lado del mundo.





Y la frase me gusta porque sugiere la inminencia de algo que viene, sin saber con certeza cuando llegará, ni lo que es. Pero viene envuelto en frío y teñido de azul.
Cada día nos levantamos con una luz especial, llueve a menudo, a veces las nubes no dejan ver el sol, otras el sol se cuela igualmente a través de las nubes y cubre de destellos dorados todo lo que toca.





Hace dos días estábamos sentados Jose y yo tomando un café en la mesa de un restaurante griego. Conocemos a la camarera, es de ascendencia portuguesa y le gusta usar su preciosa lengua mezclada con el inglés para hablar con nosotros. En la pizarra se anunciaban baklavas, moussaka, dolmadens, vino de retsina. Lucía un sol espléndido y las casas de enfrente estucadas en blanco hacían pensar en el Mediterraneo. De pronto, empezó a llover. Una lluvia suave. Perezosa. Con el sol que no calienta mirándolo todo.

Al salir brillaba un perfecto arco iris.



A veces pienso que en África la luz es tan intensa que al invierno le cuesta apagarla. Incluso en los días más grises, se cuela el color...



Eso sí, los días se acortan a pasos agigantados. Ahora anochece en torno a las seis de la tarde. Ya me han dicho que para julio y agosto igual a las cuatro y media ya es de noche.

Solo el fuego puede remediar el frío y la falta de luz. Y también aquí lo tenemos. El lunes pasado Tanya y Heinz inauguraron en su casa la primera temporada de Soup & Soul & Fire. Una combinación de sopas, vino tinto y blanco alrededor de la chimenea y contando cuentos.



Ayer estuvimos calentándonos junto al fuego de Don y Patch, mientras Don ensartaba cuentas de su collar bosquimano (se le había roto mientras se duchaba).

Sin embargo, para nosotros, para Jose y para mí, se acerca también el verano. Durante unos días nos vemos en España. Otros amigos, otros fuegos, otras lenguas.

sábado, 26 de marzo de 2011

EL ANIMAL DE LA LLUVIA

Si todo verdadero viaje supone un cambio interior, entonces el nuestro lo ha sido.

No es la primera vez que viajamos por el Karoo. Jose ha sido ya seis veces, contando con esta última, y para mí era la segunda. Pero nunca lo habíamos hecho a finales del verano.

El Karoo es una meseta semidesértica, el nombre viene de una palabra khoikhoi que significa seco, desierto. Donde nos movimos corresponde a la zona conocida como la antigua Bushmanland, la tierra de los bosquimanos.

Hemos recorrido muchos kilómetros en quince días y hemos caminado a pleno sol siguiendo las huellas de los que estuvieron allí antes que nosotros, antes que los granjeros y mucho antes que las ovejas que ahora pastan a su antojo: los bosquimanos /xam.

Ellos ya no están. Fueron sistemáticamente exterminados en el s.XIX. Aunque queda gente con sus rasgos y quedan sus cuentos, sus historias y la belleza de los grabados que dejaron en las piedras.

Jose os hablará en otra entrada de las gentes con las que tuvimos la suerte de toparnos, que nos contaron cuentos y con las que compartimos bailes y música.

Esta primera entrada sobre el viaje es para hablaros únicamente de la fascinación por el paisaje que está en continuo cambio.

Puede parecer que en un desierto, o semidesierto, lo que ves es siempre lo mismo. Lo cierto es que plantado en medio de la planicie hay pocos puntos de referencia para saber donde está el norte y el sur. Nosotros necesitábamos la brújula y el GPS.

Pero allí, el cielo parece estar más cerca de la tierra. Lo abarca todo. Puedes dar un giro de 180º y ver el atardecer, la tormenta que cae lejos unos cientos de kilómetros, el arcoiris y la luna... todo al mismo tiempo, el gran espectáculo al completo y cambiando cada minuto que pasa.





Elegimos ir en esta época del año para poder ver las lluvias. Las lluvias de las que hablan los cuentos /xam. Y las vimos.

Hay dos tipos de lluvia: macho y hembra. La lluvia hembra es mansa y cae suave empapando la tierra, la lluvia macho es torrencial.

Nos pillaron dos grandes tormentas. La primera conduciendo en el coche. Un momento antes de caer habíamos parado para hacer fotos y dejarnos sorprender por la hierba alta y verde con destellos dorados.



Luego las nubes de tormenta taparon al sol...



Y el camino se hizo gris. La lluvia golpeaba los cristales con fuerzas y se salió el parabrisas del coche. De vez en cuando los rayos caían como cuchillos que cortan el cielo. Tajadas rápidas y veloces. Resplandecientes. No oíamos más que la música del CD. Ninguno de los tres (Neil, Jose y yo) hablábamos.

La segunda tormenta fue aún más sobrecogedora porque nos sorprendió en plena noche. Acampados en una granja y durmiendo en el coche.

Los relámpagos eran tan cegadores que no podías tener los ojos abiertos.

Se formó un río donde antes no había más que piedras.

"Las acciones de la lluvia nocturna no son agradables" decía /Han=kass'o. Es verdad.

Yo solo pensaba en las patas largas del animal de la lluvia y deseaba que caminara deprisa por la llanura. Parecía que se había quedado a pastar justo encima de nuestras cabezas.

No veía al animal de la lluvia por la noche, pero lo había visto otras veces durante el día...



Nosotros somos hormiguitas para él.

A veces la lluvia es como una bomba atómica.



También asistimos varias veces a la lucha de !Haunu y =Kagara, hacia el Este, lanzándose rayos sin parar a ver quién es más fuerte. Pueden estar mucho tiempo peleando sin cansarse.

Y cuando la tormenta nos alcanzó en el pequeño pueblo de Vanwyskvlei, asi como habíamos visto las casitas de las townships perfectamente recortadas en el horizonte,



también las vimos disolverse en el agua.



El hombre no controla nada.

Cuando la tormenta pasa, solo queda esperar.

martes, 22 de febrero de 2011

MANTIS Y LA LUNA

El viernes pasado hubo luna llena (y esa es igual en los dos hemisferios). Nos hubiera gustado subir a lo alto de la montaña y ver más de cerca "a la que libera a la gente de la oscuridad profunda", pero hacía viento y pensamos que, con suerte, habrá otras lunas.

De todas formas, salimos al jardín y Jacques hizo fotos muy buenas.



Días antes, Jose había estado trabajando en un relato de /Han≠kass'o sobre la creación de la luna. Pensamos que os gustaría leerlo, así que ahí va. Disfrutad.

Mantis y la Luna

Lucy Lloyd anotó este kum (relato) de labios de /Han≠kass'o, quien lo dictó los días 25 y 26 de octubre de 1879, hacia el final de su estancia en Mowbray. No está claro por qué Lloyd anotó este relato en las páginas finales de uno de los cuadernos de Wilhelm Bleek, concretamente el B.X, páginas 998 a 1002.

Todo parece indicar que Lloyd olvidó el relato, pues no figura entre los relacionados en A short account of further Bushman material collected, el informe sobre sus investigaciones que publicó en Londres en 1889, donde tendría que figurar en la sección dedicada a los relatos sobre Mantis, en las páginas 5-6.

Lo curioso es que el entre el 21 de marzo y el 5 de abril de 1878, es decir, más de un año y medio antes, poco después de iniciar su colaboración con /Han≠kass'o, Lloyd recogió de su dictado el kum de la creación del eland, que incluye, como episodio final, el relato sobre el origen de la Luna.

Es muy probable que en 1879 Lloyd no recordara que ya había recogido el relato, ya que a su muerte la versión de 1878 quedó sin traducir, y sólo en 1914 fue vertida al inglés por la sobrina y heredera intelectual de Lloyd, Dorothea F. Bleek, quien en 1924 publicó una versión un tanto abreviada de su traducción en el libro The Mantis and His Friends (Cape Town, T. Maskew Miller, 1924, págs. 5-9). Ambas variantes del mito de la creación de la Luna son muy similares, pero a quienes estén interesados en saber más sobre las dotes narrativas de /Han≠kass'o comparar las dos versiones puede resultarles provechoso.

He dispuesto el texto en líneas cortas porque recientemente he constatado que esta es la mejor forma de presentar los relatos de los /xam. Los elementos de juicio que respaldan esta decisión están en expuestos en un artículo en el que trabajo desde finales del año pasado y que, en una versión todavía inacabada, presenté el taller de la Iniciativa de Investigación sobre Archivo y Cultura Pública de la Universidad de Ciudad del Cabo, un grupo de trabajo transdisciplinar en el que estoy integrado desde septiembre del año pasado: http://www.apc.uct.ac.za/

Confío en poder ofrecer, en otra entrada, un resumen de ese artículo. Baste decir, de momento, que esta manera de disponer los textos permite apreciar mejor su complejidad formal como su naturaleza poética, y favorece una lectura más detenida.

El manuscrito original del relato puede consultarse aquí:
http://lloydbleekcollection.cs.uct.ac.za/stories/50/index.html

He divulgado una transcripción editada del texto inglés en el Storytelling Project de la web del Centro para la Conservación del Archivo, la institución a la que estoy adscrito:
http://www.cca.uct.ac.za/story_telling/?lid=259




Familia de avestruces. Dibujo de /Han≠kass'o. Iziko-South African Museum, Ciudad del Cabo. Tomado de la web The Digital Bleek & Lloyd:
http://lloydbleekcollection.cs.uct.ac.za/index.html

[Historia narrada] por/han≠kass'o, [quien la escuchó] de su abuela ≠kammi y, tras la muerte de ésta, de su madre, /xábbi-an (la hija de ≠kammi). En esta versión de cómo fue creada, la Luna se hace a partir de una pluma, un pluma alargada del ala del avestruz, explica el narrador.

Mantis, hace mucho tiempo
agujereó y reventó la vejiga de la hiel(1).

La vejiga reventó sobre su cabeza
y sus ojos se cerraron.

Y de esta forma
fue gateando(2).
Palpó con las manos,
palpó con las manos
el lugar por el que gateaba.
Y palpando con las manos
llegó a un //kóö(3),

palpando con las manos
llegó al //kóö de los avestruces.
Palpando con las manos
se encontró una vieja pluma(4).

La cogió.
La cogió.
Se la pasó por los labios (para humedecerla).
Se limpió los ojos (con ella)
y la arrojó a lo alto(5).

Mantis exclamó:
“Te quedarás pegada al cielo,
te transformarás en la Luna.
Tú debes brillar,
el sol tiene que ponerse.
Eres tú, la Luna,
quien debe brillar durante la noche.
Cuando tú brillas,
liberas a la gente de la oscuridad profunda(6).

El Sol se levanta,
y la gente va tras la caza, sí(7).
Tú debes brillar
cuando el sol se ha puesto,
por la noche.”

------
1. Hace mucho tiempo, Mantis era un hombre.
Esto se refiere a la vejiga del la hiel
del eland que había creado.

2. Iba sobre las rodillas (y las manos).

3. Al aguazal sobre el que juegan los avestruces,
lo llamamos //kóö.
Cuando ya han dormido,
los avestruces se despiertan.
Los avestruces se congregan en ese lugar,
los avestruces juegan,
y cuando caldea,
los avestruces comen [en el //kóö].

4. Una pluma blanca (alargada),
de sus alas,
pues [al enfermar el avestruz,
se le caen las plumas.]


5. Mientras levantaba la mirada (al habérsele abierto los ojos).

6. La palabra /ho: que /han≠kass'o emplea en este punto se refiere a un concepto metafísico de oscuridad, en este caso la oscuridad primigenia que precedió a la creación del Sol y de la Luna. El término /xam habitual para referirse a la noche, que se emplea al principio del relato, es //ga. –Ed

7. El resplandor del Sol,
gracias al cual
la gente ve todo lo que hay alrededor.

lunes, 7 de febrero de 2011

Nubes y otros paisajes estelares.

El martes pasado, cuando volvía de Langa, al subir la calle rumiando mis pensamientos, levanté la cabeza y vi esto:



En la falda de Table Mountain se había formado tal cúmulo de nubes descendiendo a toda velocidad que parecían la espuma de una enorme cascada. La mole de la montaña estaba detrás, pero había perdido su gravidez para convertirse en una textura acuosa que discurría veloz pendiente abajo. Una cascada tan impetuosa como silenciosa.

Y el fin de semana en Vermont, cerca de Hermanus, la Costa de las Ballenas, volvió a ocurrir. Habíamos pasado parte de la tarde nadando en una presa. Para llegar hasta allí, habíamos cogido un suave camino entre dos montañas que ascendía en el último tramo. Mucho antes de que se pusiera el sol, regresamos y cuando miré atrás, la niebla cubría la cima de las montañas y bajaba sigilosamente siguiendo nuestros pies.



Al momento siguiente, el perfil de los árboles estaba trazado con una línea suave de lápiz afilado sobre un gris marengo.

Tú sabes que si te acercas, podrás tocar con nitidez el paisaje, pero en la distancia no se llega a distinguir nada.

Cuando era pequeña y los inviernos en Valladolid nos traían las nieblas densas, me gustaba pasear por la calle y ver cómo los cuerpos de los caminantes surgían de la nada, pasaban a mi lado y volvían a perderse en el vacío lechoso hasta desaparecer.

Me gusta la bruma, las nubes y los paisajes lunares que encuentro por la tierra. ¿Qué que digo ahora?

Pues mirad la imagen aquí abajo. Se llama playa Paraiso. Está en Vermont, pero parece la luna, ¿no?

domingo, 30 de enero de 2011

VIENTO



El viento nos trajo hasta aquí, y desde que pusimos los pies en esta parte del mundo, nos envuelve.

Mientras escribo, lo oigo soplar y noto su caricia, que me llega a través de la ventana entreabierta.

En la literatura oral de los bosquimanos /xam el viento aparece constantemente, como metáfora y como un factor muy real que había que tener en cuenta, sobre todo en los meses de verano, desde, digamos, octubre hasta marzo.

Para los /xam que dictaron aquellos relatos desde su exilio en esta ciudad, los vientos que soplan en la península de El Cabo debían de recordarles a los que habían experimentado en su tierra natal.

En esta época del año, el viento más frecuente es el del sudeste, popularmente conocido como Doctor de El Cabo, porque limpia el ambiente de la ciudad, alejando de ella los aires contaminados.

El artista anónimo que dibujó la imagen que acompaña esta entrada (o algún contemporáneo suyo) escribió “en El Cabo sopla sobre todo el [viento] del sudeste durante la mitad del año, y durante la otra mitad sopla sobre todo el del noroeste y ambos lo hacen de forma tan virulenta que uno casi no puede caminar”.

El viento del noroeste, el del invierno, todavía no lo conocemos, pero sí al Doctor de El Cabo, que en ocasiones sopla durante tres o cuatro días seguidos. Como Vredehoek Avenue, la calle en la que vivimos, está orientada siguiendo un eje similar al de la dirección en que sopla este viento, y como asciende hacia la montaña, muchas veces subir hasta casa desde el centro de la ciudad es, realmente, toda una aventura. Un poco más arriba de las últimas casas se extiende ya la montaña, abrupta y siempre seductora, y mientras avanzamos cuesta arriba, a menudo cargados con las bolsas de la compra, nos es imposible no imaginar que esa fuerza que insistentemente nos empuja hacia atrás surge de una gran hendidura en la pared rocosa que queda a medio camino entre la falda y la cumbre plana del Monte Mesa.

Seguro que los pastores khoi que vivieron en esta península antes de la llegada de los holandeses contaban una historia sobre el viento y la montaña, quizá aprendida de los cazadores y recolectores bosquimanos que les habían precedido en estas tierras.

A falta de ese relato perdido (que, de todos modos, Helena y yo estamos intentando soñar de nuevo) os traduzco aquí, en forma resumida, un testimonio que Diä!kwain dictó a Lucy Lloyd en enero de 1876:

Una anciana, a la que gente llamaba =Na-ang
solía enfadarse con la gente si la regañaban.
Le preguntaban a la gente
si creía que el viento no iba a soplar
como sopla cuando arroja polvo a los ojos de las personas.
El viento se levantaba mientras ella hablaba,
soplaba de tal modo
que no podía verse nada ni mirar alrededor.
El viento arrastraba las esteras
sobre las que la gente se había tumbado,
el viento las arrojaba sobre las personas,
porque estaba enfadado con ellas.

[La anciana murió.]
Aunque estaba muerta,
la gente solía pronunciar su nombre,
pues creía que si la llamaban,
soplaría el viento.
Era como si el viento escuchara
cuando pronunciaban su nombre.
Porque acostumbraba a enfadarse
cuando la gente la regañaba, y a llorar.
Era como si el viento llorara con ella,
cuando caían sus lágrimas.

Entonces el viento no quería que cayeran,
porque no quería que llorase.
Pues el viento solía soplar cada vez que ella lloraba,
porque no quería permitir
que cayeran las lágrimas de sus ojos.
Por eso, cuando lloraba
el lugar se volvía desagradable,
pues parecía que el viento arrastraba la tierra.
Los arbustos se agitaban mucho
cuando soplaba el viento
porque ella lloraba.
Era como si el viento
la estuviera vengando
de la gente que la había regañado.

Cuando la gente ve
que el viento sopla con fuerza, dice:

“¿No parece que la anciana está muy enfadada con nosotros?
Pues no da la impresión de quiera tener cerrados
los lados de su manto,
en los que el viento se oculta.
En verdad nos está haciendo daño,
y no parece que sea una persona adulta.
Pues se porta como si desvariase,
no se porta como si estuviera en sus cabales.”

El dibujo de los khoi sometidos al embate del viento data de finales del siglo XVII o principios del XVIII. Fue encontrado en 1986, junto con otros 26 dibujos de la misma temática, en un cartapacio de la Biblioteca Nacional de Suráfrica, que los había adquirido quizá un siglo antes. Se publicaron en 1993 en el libro The Khoikhoi at the Cape of Good Hope: Seventeenth-Century drawings in the South African Library (Ciudad del Cabo, South African Library General Series, nº 19), con comentarios de Andrew B. Smith y traducción de los textos en holandés de Roy H. Pheiffer. El dibujo aquí reproducido, y el comentario que lo acompaña, están en las páginas 28-29.
El testimonio de Diä!kwain lo traduzco de la edición de D. F. Bleek en la revista Bantu Studies, “Customs and Beliefs of the /xam Bushmen. Part IV. Omens, Wind-making, Clouds”, vol. 6, 1932, págs. 332-333, 334-335). El texto original manuscrito está en distintas páginas del cuaderno L.V.23, custodiado en el Departamento de Manuscritos y Archivos de la Universidad de Ciudad del Cabo.

martes, 26 de octubre de 2010

EL CIELO

Igual es porque estamos aquí, o igual es porque nos concedemos el tiempo para ello, pero lo cierto es que en África miramos mucho el cielo.

Los atardeceres son espectaculares. El cielo se tiñe de naranja, morado, azul, en un momento el sol desaparece detrás de la montaña o se sumerge debajo del agua.

Las sombras ganan terreno a la luz, pero durante un momento antes de desaparecer en la oscuridad los perfiles son más nítidos que nunca.

Esta vista es la Cabeza del León, la montaña que tenemos a la izquierda de nuestra casa.



Y estas otras imágenes están tomadas hace unos días, mientras paseábamos por Sea Point con nuestro amigo Vernon.





Pero, por supuesto, el espectáculo no termina con la puesta de sol. A pesar de que en la ciudad es difícil apreciar todas las estrellas que se ven desde el hemisferio sur, el viernes pasado, desde la ventana de nuestro comedor, este era el panorama:



AUUUUUUUUUUUUUUUUUU