sábado, 6 de noviembre de 2010

SORRY, BROTHER. SORRY, LADY.



En esta bonita y asombrosa ciudad donde hay montañas majestuosas, tranquilos cafés, alegres restaurantes y calles coloristas, hay también un montón de mendigos y carteristas.

Las dos primeras semanas de estar aquí esto era lo que resultaba más duro para mí. No había manera de caminar por Long Street y no oír “Sorry, lady” o “Sorry, brother” para a continuación ser perseguida por algún mendigo demasiado demacrado, demasiado harapiento y siempre insistente. “Please, please, dame algo para comer”. ¿Cómo negar comida a alguien? A alguien además que es capaz de caminar contigo 500 metros sin parar de suplicar.

Los primeros días Jose y yo acompañamos a una chica a un supermercado y le compramos dodotis, leche y una caja inmensa de cereales.

La gente que conocemos aquí nos insiste en que no hay que darles nada y que no hay que mantener contacto visual con ellos, porque entonces estás atrapado. Incluso los folletos turísticos te dicen que no les des nunca nada y que no te pares.

¿Es posible ignorarlos entonces?

Cada vez que oigo un “Sorry, lady” lastimero miro hacia otro lado… ¿Es eso lo que hay que hacer?

Eso me coloca que una postura que no me gusta nada: la de la indiferencia. Tengo que ser “indiferente”, caminar por la vida con las orejeras puestas. Obviando todo lo que no quiero ver.

Lo peor es que aunque suene duro, no puedes hacer mucho más, eso o te pasas el día soltando dinero…

Otra variante del “Sorry, lady. Sorry, sir” es “¿Te puedo hacer una pregunta”. La pregunta suele ser “¿Me puedes dar algo…?” En fin, no hay manera de salir del paso.

Algunos son más agresivos y adoptan el imperativo: “Dame cinco rands. Cinco rands no es dinero. Es sólo suelto para ti”…

A los carteristas es más difícil pillarlos, pero a algunos se les ve venir. Se te pegan demasiado y sus caras les delatan.

Ciudad del Cabo no es una ciudad mucho más peligrosa que otras en Europa, pero hay cosas que no puedes hacer aquí, que sí hacemos en España, por ejemplo, caminar de noche tú solo por calles alejadas del centro es ir buscando problemas.

Me da pena decirlo, pero es cierto, no hay que darles nada a los mendigos. Si quieres ayudar, lo mejor es dirigirte a alguna organización que trabaje para ayudar a los homeless. No es solo una cuestión de dinero, creo que la mayor parte de ellos, necesitan recuperar la propia dignidad.

Para ilustrar esta entrada tal vez hubiera debido poneros alguna fotografía de los mendigos que veo todos los días: los que están en la esquina de mi calle tomando el sol, los que aprovechan el único semáforo que hay en la carretera para abalanzarse sobre los coches con la mano extendida, los que pasean como fantasmas con bolsas a modo de zapatos en los pies por Long Street…

Los zapatos que veis en la entrada estaban un día abandonados al pie de un árbol y los fotografiamos porque nos pareció muy simbólico. Durante los días siguientes nos los encontramos ahora juntos, ahora desparejados, en distintos lugares entre la acera y la carretera. Se desplazan a base de las patadas que les dan los transeúntes… Eso también nos parece tremendamente simbólico.

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